Ni en el gimnasio se veía ya esa prenda que tantos han odiado en sus días de colegio, y que en los ochenta tanto torturaron la vista y la piel con aquel táctel tan brillante. La prenda, santo y seña de alguna tribu y de raperos o de Fidel Castro, ha dado una vuelta tan brutal que ahora resulta que se lleva y que hasta las firmas más populares lo comercializan. Ni fracasado ni marginal ni dominguero ni poligonero, casi lo contrario será considerado quien se atreva con la hasta no hace tanto demonizada prenda que ni para salir a correr servía ya. Como dice Maribel Lobato (que-guapa.com): "Esa ropa cómoda que siempre hemos usado para ir al gimnasio o bajar a tirar la basura o bajar al perro, ahora forma parte de las principales prendas de nuestro armario". Incluso puede ser muy 'chic' llevar un pantalón de inspiración chandalera con una camisa o una sudadera con un vaquero...
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